Una de mis autopropuestas para este 2016 fue detenerme una vez a la semana a reflexionar sobre mi profesión, analizar tendencias y revisar problemáticas a las que nos enfrentamos los comunicadores. Este post es fruto de eso y llegué a la conclusión de que existe la Comunicación Interna en piloto automático.
Sucede que a menudo disparamos emails con información o pedidos y nos alejamos de la situación comunicativa, no física, sino mentalmente. Del otro lado, alguien busca la info y la envía. Punto. En ambos casos, pasamos a lo que sigue. Ninguno se detuvo a pensar si necesitaba o podía brindar información adicional. ¿Qué sucede? No estábamos, concientemente, presentes en la situación comunicativa. La acción se vuelve prácticamente un trámite. El caso del email es un ejemplo, también se da en reuniones, teleconferencias, presentaciones, etc.
En este contexto, la comunicación se realiza en piloto automático: entes emisores de contenidos sin conciencia del marco de relaciones en el que están insertos. Apenas podemos llegar a considerarlo comunicación. La relación queda en segundo plano y lo importante es sólo emitir el mensaje y/o responderlo (a veces sólo para cumplir y para que luego no me reclamen “con copia” a mi jefe).
Esta situación se presenta generalmente en organizaciones con una dinámica muy acelerada y una cultura individualista. Quedan de lado las relaciones, la noción de quién es el otro y de lo que podemos aportarnos mutuamente para realizar nuestro trabajo sólo si estuviéramos concientes de lo que hacemos en el momento en que lo hacemos.
En las organizaciones, comunicación interna no es sólo la que realiza el comunicador, sino todo lo que ocurre entre las personas. En este sentido, el rol del comunicador (y prácticamente un desafío) es dar forma a esas relaciones, ser como un coach y nutrir a los colaboradores de las técnicas y herramientas necesarias para facilitar la conversación.
Me encantaría saber si tuviste alguna experiencia (y te invito a compartirla).
Gracias por leer!